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jueves, 8 de noviembre de 2012

Así se recordaba un 11 de noviembre de finales del siglo XIX

El siguiente texto pertenece a los recuerdos del ilustre cartagenero Daniel Lemaitre Tono, quien fuera, además de empresario (Jabonería Lemaitre),  poeta, pintor y autor del himno a Cartagena. En el libro póstumo Poesías y Corralitos de Piedra se encuentran unos invaluables relatos que nos recrean la vida  cotidiana de esta ciudad de hace un siglo.  Les traemos hoy, un recuerdo suyo del 11 de noviembre de finales del siglo XIX.
11 de noviembre!
Por Daniel Lemaitre Tono (1884 -1961)

Foto: Archivo El Universal
El programa de la fiesta, tartajeado por mí en el 71° aniversario, estaba escrito en un tira de papel de color verde. Cuando acabé de leerlo me dejó viendo colorado. Ese descubrimiento me intrigo mucho.
La presentación era modesta, sin duda, pero cumplía, su cometido perfectamente porque uno podía llevarlo en el bolsillo y consultar el horario con facilidad. Hoy se llena una resma de papel con versos de sesión solemne y avisos de jabones malos y en donde lo más difícil es hallar lo que se busca.

¿Han degenerado las fiestas? No lo creo en cuanto a profusión de números  bailables, pero si en la comprensión de ellas. El homenaje a los próceres tiene la salsa muy seca. Al Te Deum (Acto solemne) no van ni cuatro gatos.
Por su aspecto entre las clases populares humildes, la diferencia es muy notable. Sin radio, ni cine, ni pick-ups, las distracciones eran tan escasas como la población. Todas las esperanzas de jolgorio se cifraban en las fiestas del 11. 
Cuando asomaba el mes de octubre comenzaba por los patios de Gimaní o San Diego los ensayos de danzas y comparsas. Las tiendas extendían ringleras de mascaras, triquitraques y cascabeles. Por las esquinas sonaba el bombo de las murgas llamando a ensayo. Se oían tiros esporádicos a la prima noche y la pólvora comenzaba  a oler. Ah! ese olor de pólvora  que a todo muchacho cartagenero, por asociación de ideas, se le convierte en un perfume delicioso!
"Los mono" del desfile de la independencia
 del 11 noviembre 2011
Los Diablitos de espejo, la Danza de la Cintas, la de los Gallinazos, los Marineros, los Negros Carabalíes y mil pandillas de Monos animaban las dormidas calles del Corralito, yendo de casa en casa para mostrar sus habilidades. Sanos divertimientos y muy ingenuos, pero no por ingenuos y sencillos menos gozados.

Mi madre! El día en que pude hacer parte en una pandilla de monos no me cambiaba por nadie! Solo una secreta envidia me corroía cuando contemplaba a un mono grande con diez docenas de cascabeles.

Los monos teníamos derecho a robar platanitos en los ventorrillos y la maniobra la ejecutábamos con el rabo. Ese apéndice de cabuya era la parte más divertida e importante del disfraz. Cuando nos encontrábamos dos bandos, comenzábamos por mostrarnos los dientes, pero la cosa terminaba siempre en reconocimiento amistoso cuando tendíamos por delante los rabos y los poníamos a hacer eses de simpatía. Luego seguíamos  todos juntos haciendo los mismos gatuperios y cabriolas. Magnífico ejemplo para los políticos “cruzados” del momento actual.

A mí me habían prohibido tomar agua sofocado no fuere a volverme lazarino*. Pero un mono viejo, Inocencio pineda, me dio:
-No seas tonto, mira, y saco en la punta de la lengua un trozo de azufre en canuto; esto lo suelta el Diablo que es muy caliente y lo venden en las boticas. Toma, chupa un pedacito.
Para que fue eso!  Me sentía invulnerable. Al llegar a cualquier casa mostraba mi sofocación y me arrimaba a la tinaja para que me dieran precisamente: No seas bárbaro!  No tomes agua así sofocado.

Que va
les contestaba yo, sacando la lengua, miren:
No sabían que tenia azufre!
Esa tarde llegué casi hidrópico** a mi casa. 

Referencia Bibliográfica
Lemaitre, D (1983) Poesías y Corralitos de Piedra. Bogotá:1983.

*Lazarino: Adjetivo de leproso
**Hidrópico: Que padece de hidropesía. Trastorno de retención de líquidos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Entrevista a Alberto Llerena, el maestro (Parte I)

“Yo creo que la Polilla era yo”
Por Ricardo Contreras
Comunicador Social, amigo, colaborador de nuestro proyecto de divulgación Cultural

Foto: José Paternina
La presente entrevista es el fruto del diálogo ameno y fluido entre el carismático Maestro Alberto Llerena y un amigo nuestro, Ricardo Contreras, Comunicador Social, a quién le pedimos la importante tarea de recoger un perfil de este magnífico hombre de Teatro, quién es literalmente no solo una leyenda viviente, sino un maravilloso e inteligente ser humano, al que la ciudad le debe un tributo en vida por todo el aporte al arte dramático y a la cultura de nuestra ciudad. No queríamos esperar a que los impresos fúnebres nos hicieran reflexionar  sobre su enorme legado.
Pedimos disculpas, al maestro y a Ricardo, por no haberlo publicado antes... Son las dinámicas inevitables de un medio como el nuestro, que funciona sin presupuesto, y que obliga a tantas cosas urgentes, que van diluyendo el momento ideal para hacerlo. 
En esta semana que se celebran las fiestas de noviembre nuestro Maestro celebra su cumple años.  Es nuestra forma de decirle: Maestro, Feliz Cumpleaños.


- ¡Ey! ven acá, ¿me vas a entrevistar así a palo seco?- decía el maestro un tanto sonriente, haciéndose el despistado para pedir una cerveza.

Es un tipo menudo y bajito, que de entrada me hace recordar a “Lavoe”, porque es uno de esos tipos que “de frente parecen que están de lao´”. Mientras lo esperaba escuchaba sus historias jocosas, entre esas, sus quejas por la impuntualidad al pagar los servicios públicos, por ejemplo.

Verlo ahí, en la puerta de la Reculá del Ovejo, encaramado en una butaca, es un ejercicio de cuidado, nadie se imagina que es un curtido hombre de teatro, parte y abanderado de una generación hermosa de hombres cercanos a la vanguardia europea e hijos de un geniecillo español, precursor de las bellas artes en la ciudad, sin embargo lo es y no alardea, parece como si aun no fuera consciente de su proeza o, tal vez, la causa esté en su cuidado para con la jactancia, pues el solo atina a ruborizarse, le apena profundamente, por ejemplo, que su maestro Peñalver, el geniecillo, le llamara "Aristóteles" en una dedicatoria de un libro obsequiado. 

Para hablar con el Maestro tan solo se necesita, como requisito apelable, el saber saludar y él, de inmediato, sabrá hacer todo lo demás; es un tipo hablador que genera empatías con su discurso y hasta un halo paternal que envuelve, como dice él mientras se refiriere a “La polilla”, en la magia del Flautista de Hamelin.

Aun hay en él rasgos vivos de esa generación divina, que sin creerlo de a mucho, respiraba la juventud, la rebeldía y la altivez de aquellos días de efervescencia política y filosófica; lo de cambiar el mundo ya lo ha olvidado un poco, pero insiste, a modo de reminiscencia, en fortalecer sus talleres de títeres.

Nos hemos dedicado a hacer esta entrevista a propósito de su “Homenaje a los maestros ausentes”, donde la Asociación de Teatristas rindió un homenaje a sus amigos Jaime Díaz y Humberto Sierra, fallecidos y olvidados personajes del teatro cartagenero.

- Antes que nada voy a preguntarle sobre música… ¿Aún le va a tocar el violín?
Foto: Josef Paternina
No, mira, yo a los 9 o 10 años estuve estudiando música, (el lugar) quedaba en la calle del Coliseo, frente a los antiguos almacenes Mogollón y al lado de Discos el Güiro, que era propiedad del maestro Pedro Laza; es más, un hijo del maestro, Javier, estudio conmigo música: Yo estudiaba violín y si mal no recuerdo Javier estudiaba piano, entonces éramos “llaves”.
Yo estudie 5 o 6 años de música e iba a ser un genio, pero se me atravesó el teatro; de hecho yo fui primer violín de la orquesta infantil y juvenil, y aquí había, en ese momento, tres jóvenes, entre ellos Carlos Villa, quien del grupo término siendo un violinista de fama mundial, William Pulido era el otro quien, como yo, no continuo y Alfredo Camacho, quien es en este momento el primer violín de la orquesta sinfónica del Valle.
Pero en el año 57, siendo gobernador Eduardo Lemaitre, vino de París un español que se llamaba Juan de Peñalver, para que fundara la escuela de bellas artes, ya que solo había música. A partir de ese momento se empezó a llamar Instituto Musical y de Bellas Artes.
-¿En qué condiciones venía?
El estaba exiliado en París. Peñalver era un personaje maravilloso, porque él era un trotamundos, un artista muy bueno, a quien le toco huir de la guerra civil en España; el vino huyéndole a eso, a la persecución en la época franquista.
Fue amigo de Albert Camus, Fellini, Rilke… eso lo había llevado a estar nutrido de la cultura europea y de vanguardia, lo cual terminó transmitiendo a nosotros.
- Luego de ese momento introductorio, aparece su primer texto que fue “Con la espalda al sol”, que de hecho se presento en una graduación del Liceo de Bolívar, dirigida por quién en ese tiempo era casi una estrella del teatro, Carlos Alies. ¿Cómo eran esos primeros pasitos en el teatro?
 Bueno, lo que ocurre es que con Peñalver - yo estudiaba música, como te digo- entonces por las noches que eran las clases de teatro, en la escuela, que era muy pequeña, los que estudiaban artes plásticas también estaban en el coro; hacían sus pinitos en música, en guitarra, flauta; por eso los que estábamos en teatro también estudiábamos música y viceversa. Yo en particular empezaba a escribir cuentos y otras cosas, y Peñalver nos hacia un taller de literatura gramática, al cual asistía un grupo interesante de personas: estaba Bor Torres, que era un escritor joven nadaista, estaba Alan Orlando Muñoz, que era un actor chileno que vivía aquí, estaba también Luis Fernando Luis Borras, también nadaista, estaba Jose Eustiquio Leal, escritor y estaba yo.
Entonces Peñalver era muy severo y muy jodido; yo tengo un libro, que por cierto a mí me da pena mostrar, porque él dice una cosa ahí bastante grandilocuente, el dice “para Alberto Llerena, el futuro Aristóteles del teatro en Colombia…”, ( suelta una carcajada) cosa que yo por su puesto no creo, pero él vio tal vez en mí, algunas facultades para el teatro y por esta razón le cogí mucho cariño: me prestaba libros y me introdujo en el gran teatro español clásico… Lope de Vega, Calderón de la Barca y García Lorca, a quien profesaba su amor profundo desmenuzando su obra con habilidad.
-¿Para este momento cuál era la posibilidad de teatro que a usted le seducía?
Foto: Josef Paternina
Cuando se acaba la escuela de teatro, queda Carlos Alies, que era su alumno estrella, siempre era la figura en las obras de teatro… Yo nunca actué con Peñalver, mi idea era ser director y dramaturgo, pero siempre estaba por los lados ayudando, llevando palos, pintando y cargando  escenografía, tú sabes, cosas que uno hace en teatro. Entonces cuando él se fue, quedo Carlos al frente del grupo de compañeros, y por esta razón el grupo se llama “La banca”, como en el beisbol para los que no estaban jugando. Para ese momento yo había escrito una obrita que le había gustado a Peñalver y quien, además, dispuso para ella algunas correcciones; se llamaba “Con la espalda al sol”, que luego con unos compañeros que me seguían las aguas y Carlos, se hizo el montaje. Y esa fue la despedida de los compañeros que se graduaban ese año. Imagínate, yo era un pelao´ de 18 años y era para mí una felicidad muy grande el que ya uno viera que se le está montando una obra y esas cosas. Fue exitoso.
-¿Y de qué trataba “Con la espalda al sol”?
Tenía buenas intenciones. Trata sobre los problemas de la violencia en el campo, quizás porque en esa época era un tema fundamental, dada las condiciones de la guerra liberal – conservadora.
-Peñalver, luego de la guerra civil, decidió volver a Europa a visitar sus amistades, estando en esas se encontró con el “Teatro del absurdo” ¿qué paso cuando volvió?
Trajo El Rinoceronte de Ionesco. Vino con una emoción muy grande. A estas alturas nosotros nos teníamos ni idea de lo que era el “Teatro del absurdo” y ni idea de quién era Ionesco; y él, que era un gran actor, leyó todos los personajes. Sobre todo porque El Rinoceronte es una obra muy actual, por cuanto trata de la masificación del hombre, lo que ahora llaman la globalización, en la que se pierde algo de la identidad de cada pueblo. Y trata sobre un personaje que un día se mira al espejo y nota que le ha salido un cuerno y sale preocupado de su casa después de afeitarse, para darse cuenta que en la calle todo el mundo tiene un también un cuerno, como un rinoceronte, entonces viene el problema en toda la ciudad, una ciudad X, en la que todos se han transformado en rinocerontes; como una metáfora de la globalización.
Entonces el vino entusiasmado explicando lo que era el absurdo: que no era un teatro con un argumento determinado, si no que era un teatro empeñado en contar cosas, sin contar una historia aparente, que además tenía lógicas oníricas y algunas vainas del surrealismo, pero que, sobre todo, tenía mucho que ver con la realidad, cosa que a nosotros nos impacto mucho. Y bueno, yo pienso que ahí fue que dije que lo mío era el teatro.
Incluso, como es lógico, se me vino encima el problema de la familia. Yo tenía que estudiar algo y tenía que salir de aquí (Cartagena) para poder estudiar lo que yo quería,  porque de todas formas las familias son tradicionales y piensan que uno se va a morir de hambre; Y si es cierto que se pasan dificultades, pero no me he muerto de hambre porque puedo decir que he vivido del teatro. Entonces me tuve que ir a Medellín a estudiar sociología.

Continúa la segunda parte...

Entrevista a Alberto Llerena, el maestro (Parte II) “Yo creo que la Polilla era yo”

Viene de parte I
Luego de contarnos sobre sus inicios en la música y el teatro, el Maestro nos cuenta de sus estudios de Sociología en la Universidad de Antioquia y de su encuentro con Camilo Torres...
Foto: Jose Paternina
...Entonces me tuve que ir a Medellín a estudiar sociología.


-Donde incluso conoció a Camilo Torres ¿no?
Tengo una historia muy particular. Cuando Camilo estaba en pleno apogeo, que todavía no se había ido a la guerrilla, yo era estudiante de la Universidad de Antioquia y ya dirigía el grupo de teatro de la universidad; y yo recuerdo que en una huelga, llego Camilo a hablar en la facultad; la Universidad por ese entonces no tenia campus y en vez de eso había un claustro, que le llamaban San Ignacio, igualito a la forma de la Universidad de Cartagena y ahí había un paraninfo donde había una estatua de Santander, un busto, y esa la arrancamos para que se subiera Camilo Torres a hablar. Al final lo sacamos en hombros. Ese espíritu juvenil, altivo, en el que uno cree que va a cambiar el mundo.

Es que mira, ahora a raíz de la muerte de Alberto Sierra, el otro personaje, yo pienso que nosotros fuimos muy marcados por una serie de acontecimientos que se dieron en los años 60: la marihuana, la revolución cubana, la psicodelia, Rollings Stones, Beatles… el rock bueno; en la moda, la minifalda, el pelo largo, la rebeldía juvenil, la unión libre… una cantidad de cosas que, en una sociedad que era completamente pacata, eran absolutamente liberadoras. Nuestros padres, por supuesto, ponían el grito en el cielo “que apaguen ese tocadisco, me tienen aburrido… que córtense el pelo”.

-Pero bueno, ya mencionó usted que dirigía el Grupo Taller de la Universidad, pero cuéntenos como fue ese proceso de conformación y, de paso, quién era la cofundadora misteriosa que luego terminaría siendo gran actriz de teatro…
María Cristina de la Torre, quien es hoy columnista del periódico El Espectador. Era una niña, digamos, lo que dicen “bien”, de clase alta, pero estupenda, maravillosa y muy bonita, rubia… El grupo de Taller de la Universidad de Antioquia, que yo funde, tuvo este origen: Ya yo venía con las inquietudes del teatro y no era un novato, digamos, entonces un día, entrando a la universidad había un letrero que decía “los que quieras integrar el grupo de teatro, por favor asistir hoy a la reunión…” y yo me dispuse a asistir. Cuando yo llegué, a mi me llamó mucho la atención esa niña tan bonita y busqué la forma de sentarme al lado de ella, luego nos pusimos a conversar y ella me pidió un cigarrillo, en ese tiempo yo fumaba Piel Roja. El señor que supuestamente iba a formar el grupo era bien sabido de teatro, Sergio Mejía Echavarria, pero te estoy hablando de la rebeldía, así que todo lo que pasaba para nosotros era maluco. El planteaba un teatro clásico, como español, como muy decimonónico. Y nosotros estábamos contra todo eso, pensábamos en la ruptura, el espacio libre, descalzos, sin telones, sin vestuarios…


-Y donde, además, para ese momento, comenzaban a moverse los planteamientos de Grotowski…
Pero no nos había llegado todavía. El sí estaba por allá en su cuento, pero todavía no había llegado por acá. Eran inquietudes de toda esa época ¿me entiendes?, se trataba de romper con todo, todo lo que fuera, normas, reglas… y eso implicaba una búsqueda de libertad.

Había un hecho importante que iba a suceder en el 68 que es el Mayo en París, en donde ya se veía un movimiento estudiantil; por eso te hablo de la situación estudiantil, porque venía gestándose toda esa cosa con la influencia de la revolución cubana, todo ese cuento de Marx; no era raro ver tú en la universidad a gente discutiendo El capital y leyendo a Sartre, las niñas con El segundo sexo de Simone de Beauvoir, el pelo largo y el “Let it be” en la grama, cosa que no se veía antes ¿me entiendes?

- ¿Pero, y qué paso con María Cristina en esa reunión?
Yo le dije “oye, esto si está aburrido… ¡esta mierda no!” y ella dijo estar pensando lo mismo y me pidió que saliéramos. Así lo hicimos, pero había otros tres muchachos que por escucharnos se fueron detrás, estos eran Octavio García Gómez, Francisco Campuzano y, bueno, el otro te lo digo después, que ahora mismo no recuerdo. Y nos fuimos para la cafetería a hablar, hablar y hablar, y concluimos hacer un grupo nosotros, como yo era el más experimentado entonces me escogieron a mí de director.

Entonces hablamos con el Doctor Meza Jaramillo, que había sido filósofo profesor en la Sorbona, nos hablaba mucho de “l'atelier” en París, entonces decidimos ponerle “El taller”. Estrenamos con dos obras, entre esas una mía “las verjas coloradas”, más bien malita y que supe perder.

-¿Se perdió o la perdió?
La perdí (risas y silencio). La deseché, pero se me hace interesante ¿me entiendes? Es un proceso. Es más yo creo que rompí, como cosa mal hecha, esos textos que hoy debían ser ejemplo de lo que no se debía escribir para teatro. (Risas)

-Tiempo después se le atribuye también la creación de “La polilla”…
Si, “La polilla” fue después, por una circunstancia, y es que resulta que tuve que volver de Medellín en el 68 por razones económicas. Y me vine para Cartagena. El año anterior se había hecho un festival, en el que conocí a Jaime Díaz, quien era del grupo de teatro de la Universidad de Cartagena, quienes además presentaron una obra malísima, recuerdo que hasta le tiraron piedras y todo. Cuando nos encontramos acá en el 68 me preguntó que andaba haciendo y me ofreció el puesto de director de la Universidad de Cartagena, pero como habían tenido tan mala imagen el año anterior, yo dije que lo primero que había que cambiarle era el nombre y desde ahí se empezó a llamar “Teatro Estudio”. Ahí estuve hasta el 72 dirigiendo, hasta que fue nombrado un rector godo, de ingrata recordación, que incluso mando a pintar las paredes de azul y a echar a todos los que pensábamos diferente, disque por comunistas. Entonces, yo después de tener ese sueldito de la Universidad me preguntaba ¿Qué voy a hacer?, Y decidí hacer títeres, de ahí fue que nació “La polilla”. Yo, entonces, andaba con mi “polilla” por todos los colegios y todos los barrios, y ponía funciones a cien pesos para subsistencia. Mejor dicho, yo creo que la polilla era yo.

Porque fíjate, cuando llegó el TPB, Fanny me pregunto: “que andas haciendo che…” y yo le dije que andábamos mamando porque nos habían echado y ella me pidió que la llamara, cosa que hice, y al rato dijo que había conseguido, para mí, un trabajo en la empresa de energía eléctrica de Bogotá y yo no me lo podía creer. Por supuesto la Polilla allá se consolidó, porque se presentaba en el Teatro Cultural del Parque Nacional, en el que se rotaba con zanqueros y payasos y recogíamos a todos los niños, cual flautista de Hamelin. Fue una época muy linda.

Después en el año 75, llegó el “Libre Teatro Libre” y ahí conocí a una gente que me dijo que en la Universidad Eafit estaban necesitando un director de teatro y yo sin pensarlo acepté. Con los títeres recorrí todo el país, de hecho por ahí guardo una filmina, que en ese tiempo era lo máximo, de funciones que hice en una vereda de que llama “La cejita”, en plena cordillera central; frio, frio, frio y una gente que se extrañaba con mi color, porque ellos eran blancos, como albinos, de pestañas blancas, entonces yo era ahí como una mosca en leche. En esa ocasión recuerdo que fuimos a inaugurar una escuela, pero fue muy lindo, porque a esa vereda aun no llegaba la televisión, ni nada de eso, entonces, dado que la función empezó tarde, los campesinos empezaron a traer unos mechones y unas telas para iluminar. Y lo más interesante fue que, tú sabes que los títeres salen y saludan, pero los niños no respondían, y vaya que siempre hay pelaos que joden o gritan, pero no, esta vez solo había silencio, entonces de repente un niño se atrevió a responder y al rato casi hacen caer el teatrino; todos querían darse la vuelta para ver cómo era que se movían esos títeres.



-Pero no solamente viajó con los títeres, también La Visita lo hizo por usted, siendo la obra de un cartagenero más montada en el país ¿en qué momento llega?
Cuando yo volví a Cartagena, en el año 80, con Jaime, con Alberto y con algunos otros, empezamos a luchar porque se reabriera el teatro de Heredia, que estaba en ruinas, y por la reapertura de la escuela de Peñalver, para eso hicimos algunas protestas y Jaime, que era el del vozarrón mas fuerte era el que siempre daba el discurso.

En el año 88 logramos que se creara, otra vez, la escuela de teatro, y yo fui el coordinador, junto a Alberto Borja y Jaime Díaz que eran profesores. En ella empezamos de nuevo con la escuela, de una forma más institucionalizada, con pensum y logramos poner piedras angulares. “La visita” fue escrita aquí y “Casa de muertos”.

-¿Pero cuál es el secreto de la obra? ¿Qué hay en ella que identifica a la gente de teatro?
Yo no sabría decirte, pero en todo caso encanta mucho. Yo pienso que es porque se trata de un tema recurrente, pues se trata de una prostituta que está en su habitación y sale del baño peinándose, lista para ir a trabajar, y se encuentra con una mujer de negro a quien le pregunta por donde ha entrado. La muerte puede entrar por cualquier lado. Y la muerte empieza a decirle cosas que ella, la prostituta, cree que nadie sabe; todo lo malo que ha hecho; hasta que la muerte la lleva a que ella misma vaya confesando sus crímenes y al final la invita a tomarse un veneno. Yo tengo una crítica que hicieron en Estados Unidos, con un enfoque interesante, en la que se dice que es la conciencia que lo empieza a juzgar a uno y lo va llevando a ese estado de autodestrucción.

-¿Eso quiere decir que usted ha liberado su obra, para dejarle tener vida propia y así poder responder preguntas que ni usted mismo le ha hecho?
Y yo me sorprendo, no solo de eso, sino de la cantidad de alternativas que aun se le encuentra. Por ejemplo mi amiga Rosario Vargas, que lo montó en Estados Unidos, travistió a la prostituta, quien a medida que se va desarrollando la historia se va despojando, hasta quedar tan solo en calzoncillos. También se ha intentado con varias prostitutas y se ha hecho, también, con dos hombres, y a mí me sorprenden esas posibilidades. Un texto no debe ser ahí una cosa rígida, la gracia es que alguien se encuentre en él.

Uno de sus montajes, presentados en el Heredia y el Paraninfo, reza con belleza “uno llora, llora por nada, por no reír – exclama Hamm- y poco a poco… Una verdadera tristeza nos invade” (final de partida, Samuel Becket) esto se define para Nedeu como, “La capacidad de revestir la tragedia con los ropajes de la farsa” ¿Es esa la tesis del teatro de vanguardia Cartagenero?

Esa es la tesis del teatro en general. Esto es muy interesante porque en unas vacaciones que vinimos en el año 66, Alberto Sierra, quien dirigía el teatro de Cámara de Cartagena, en una carta me había pedido traer algo para montar en vacaciones, y yo le mande “Final de partida” que me había impresionado mucho.

Esta obra es como una metáfora del poder, también del absurdo, en la que los personajes viven en una isla, encerrados en una casa con dos ventanitas por donde entra la luz y la brisa, cuando la abren; Hamm no se puede mover, es ciego y está en una silla de ruedas, Clov es el criado, o el hijo, que es el que se mueve y no se puede sentar y los dos padres de él, que están sin piernas, que perdieron en un accidente en un lago de Suiza, los tiene metidos en un tache de basura; ellos aparecen con cierta frecuencia pidiendo la comida y luego los tapan. Hamm, a pesar de su ceguera, domina a Clov. Hay partes terribles como por ejemplo “Muéveme la silla… la has movido muy a la derecha… la has muy a la izquierda… que te he dicho que me dejes en el centro… que ese no es el centro”.

Es como una metáfora del poder, como cuestión de dominio, porque fíjate, al final Clov decide partir porque se encuentra aburrido y sin embargo no se va, hay algo que lo mantiene en ese lugar. Esa obra marco mucho en Cartagena, por su lenguaje, por ser un teatro muy duro y tan poco conocido. Al final la reacción no fue de aplausos pero bastaron tres minutos para que la gente lo hiciera a rabiar; fueron tres minutos para tomar aire…


-¡Oigan! ¿No les parece que he hablado ya demasiado?- decía el maestro antes de levantarse e invitarnos a tomar “alguito” en la tienda de las bóvedas, lugar al que es más asiduo que la virgen del parque, y donde después de cinco “frías” se atrevió a hacer un cuestionario del Actor Estudio, que un amigo había llevado para hacerle en caso de emergencias.

-¿Qué sonido ama?
El del agua…
-¿Cuál odia?
Un peo 
-¿Qué mala palabra es de su gusto?
¡Mierda!
-¿Cuál no?
Mala palabra que no me guste… “jueputa”, pese a que la digo mucho. (Risas)
-¿Qué profesión, aparte del teatro, le habría gustado ejercer?
¡Músico!
-¿Cual no le habría gustado?
Son tantas.... pero creo que Arquitecto
-¿Y si muriera y subiera al cielo que espera poder decirle a Dios?
Erda… ¡Qué bacano!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La inauguración del Festival de Poesía: Homenaje a la obra de Luis Carlos López

SURTIGAS, Festival Internacional de Poesía y Caza Teatro Presentan:

 “A MI CIUDAD”

A mi ciudad, es un espectáculo escénico que pretende acercar a las nuevas generaciones con  la obra del poeta colombiano más grande del siglo XX. Esta ingeniosa puesta en escena ha sido concebida mediante la elaboración estética de escenas cotidianas que pudieron ser la inspiración de un artista que amó y pintó su ciudad nativa con la precisión que sólo pueden hacerlo los genios del arte.

Gracias a la producción de la empresa SURTIGAS, el equipo artístico de Caza Teatro Cartagena puede hacer realidad las palabras que Jorge Zalamea escribe en el prólogo de la primera antología de la obra poética de Luis Carlos López en 1962 “Todo gran poeta desemboca en la obra teatral”.  Obra que hoy pretende a través de una metáfora de la vida del poeta, incentivar a los espectadores a leer y disfrutar del ingenio de su poesía.

Evento: 15º Festival Internacional de Poesía de Cartagena
Hora: 7:00 P.M.
Día: Jueves, 1 de Diciembre de 2011

Aforo: 650 personas
Lugar: TEATRO ADOLFO MEJÍA, centro Plaza de la merced No. 38-10
Informes: 6564632- 3005745106-300574509

ENTRADA LIBRE!

FICHA TÉCNICA
Actores:  Alberto Borja, Jota Mario Angulo, Laura Vanessa Vásquez, Orlando Perpiñán, Lombana, Vanessa Gómez Herrera, Rodrigo Borja Malo, Jesús Elías Carrascal, Clary Borja, María Antonia Guerra, Dora Malo .

-       

Equipo Técnico            : PRODUCCION: SURTIGAS S.A.
Textos                            : Luis Carlos López, Alberto Borja, Dora Malo
Luces y sonido            : Rodrigo Borja, Teatro Adolfo Mejía
Escenografía                : Rafael Carrasquilla, Academia Los Cisnes
Diseño                            : Moisés Garcerant
Idea Original                 : María Claudia Trucco
Coordinación General: Margarita Rosa López
Dirección Artística       : ALBERTO BORJA
Dirección General        : DORA MALO GRACIA

Cabe destacar que todo el espectáculo está realizado con los poemas de LUIS CARLOS LÓPEZ:
Hasta Nunca, Versos de la Luna, Salutación, Serenata, El Zagalón de Pepe, A un condiscípulo, Se murió Mussolini, De Sociedad, A un amigo, Juan el Mendigo, Muchachas Solteronas, La Cucaracha, Pasas por la Calle, Por el Atajo, Adiós,

viernes, 18 de noviembre de 2011

Manuel Zapata Olivella, así relataron su muerte

"Pinta tu aldea y serás universal" León Tolstoi
Este relato, que anexamos esta contado por Manuel Antonio Rodríguez, quien estuvo en sus honras fúnebres en Bogotá. 
Tomado de http://www.musicalafrolatino.com/pagina_nueva_9.htm

"A Manuel se le vio un tanto achacado de salud en los últimos años, tuvo que soportar cinco operaciones en sus vértebras cervicales, dolencias en su brazo, limitaciones para caminar y finalmente lo venció un cáncer haciéndole metástasis hasta llevarlo al último suspiro el viernes 19 de noviembre de 2004 a las 4:06 de la madrugada, en casa de su hija.

Sus deseos se cumplieron porque antes de morir quiso que su cuerpo lo velaran en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional y que a su alrededor bailara la “negramenta” como efectivamente sucedió.

El viernes por la noche hubo toques de tambor de la colonia del Pacífico y del Atlántico, al igual que rituales y danza de origen afro. Los gaiteros de San Jacinto tocaron una maya lamento que conmocionó a todos los presentes que estábamos en dicho lugar, su sobrina Edelmira al compás de los tambores de su hijo Jean Betancourt, al igual que el maestro Julio Rentería, Esperanza Perea y un grupo de tamboreros y bailarines hicieron caso de los deseos del gran escritor.

El sábado se llevó a cabo hacia el medio día una misa en su honor y toque de ritual negro por la tarde y noche. El domingo fue llevado cargado a la iglesia de Teusaquillo al compás de las danzas de Delia Zapata y las últimas palabras del escritor David Sánchez Juliao quien le pidió a Dios que recibiera a Manuel en la puerta como él recibía a sus amigos cuando lo invitaba a su casa a comer mote de queso. Luego la carroza fúnebre partió hacia el cementerio donde sus restos fueron cremados.

El viernes 26, muy temprano a las 8:30 de la mañana, sus cenizas llegaron a Montería en un pequeño cofre de madera. En medio de la pertinaz lluvia se realizó una misa a su memoria en los pasillos del edificio de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Córdoba. Nuevamente el escritor David Sánchez Juliao tomó la vocería para rendirle un homenaje póstumo por su extensa obra literaria, su hija Edelma leyó poemas e hizo halagos de su trayectoria en la investigación de la cultura afroide.

Luego sus cenizas se trasladaron al auditorio Histórico de Córdoba, el cual lleva el nombre del escritor desaparecido. Allí el gobernador del departamento decretó honores para que las nuevas generaciones difundieran su pensamiento y obra, posteriormente fue llevado a la sala de sesiones de la Asamblea y de inmediato partió la caravana final hacia Lorica donde discursos politiqueros antecedieron sus últimos deseos.

Sus cenizas fueron arrojadas al río Sinú de su natal Lorica en medio de aplausos y llantos hacia el medio día. Su último deseo lo expresó diciendo: “quiero que el río me lleve por el mismo camino por el que llegaron mis antepasados a este continente, quiero encontrarme con los viejos que murieron durante el viaje por el Caribe y que la marea me lleve de regreso a África”.

Manuel y Delia Zapata Olivella fueron defensores de los pueblos afrodescendientes y amerindios especialmente, tanto Colombia y el mundo entero quedan en deuda con todo su legado, por tanto merecen ser recordados como personajes inmortales."

Recordando a Zapata Olivella, el vagabundo

"Dice mi madre que cuando yo nací, lo primero que ví no fue la luz, sino el agua"
 Manuel Zapata Olivella
Por Jazmín Piedrahita
7 años de olvido
Hoy 19 de noviembre, hace 7 años que Manuel Zapata Olivella fallece.  Mas que decir que son muchos años sin un genio, es afirmar que son 7 años olvidando y desconociendo el aporte que este valeroso hombre hizo al folclor, a la etnografía y a la literatura del país.


Manuel fue el primer mochilero (o hippie) que tuvo América... Según sus mismas palabras, él era un vagabundo. En 1943 recorrió las costas colombianas hacia Centroamérica, buscando conocer las costumbre étnicas de nuestros pueblos. Fue gestor cultural junto a su hermana Delia, quizás de los primeros; desde 1950 llevó a  Bogotá los ritmos y danzas de las costas pacífica y caribe colombiana exponiendo por primera vez el folclor en los grandes escenarios capitalinos.


Fue un intelectual afrocolombiano, activista comprometido con la defensa de la población afrodescendiente. Investigador incansable del folclor, la etnomúsicología, la mitología, la historia, la danza. Se sentía representante de la trietnicidad, con conciencia de las tres sangres que teníamos: la africana, la de España multi-étinca y la de los aborigenes arawacs, chibchas y caribes.


Manuel zapata exaltaba los valores culturales de nuestro pueblo con todas las dimensiones que el arte podría ofrecer.  Fue un escritor infatigable, con un legado de más de 50 obras. 
Su libro "Changó el gran putas" es reconocido internacionalmente como "el Quijote de los negros" , aunque no sea un texto de amplia difusión y conocimiento ni en el país, ni en Cartagena. 

Murió de cáncer, muy fatigado después múltiples operaciones y dolencias, sin subsidios ni apoyo del Estado, sin solvencia para llevar una vida digna.
Y el país, y cartagena incluída, siguen en deuda con su él.  Manuel Zapata Olivella debe ser recordado como un personaje inmortal.

Mi duelo
Puedo recordar el día en que "Chambacú, corral de negros" llegó a mis manos, y la avidez y el impacto con que fui descubriendo la historia no contada del pueblo negro en Cartagena, pues a pesar de recibir mi formación académica en esta ciudad, jamás los libros me contaron de nuevas opresiones y nuevas luchas de los afrodescendientes. Hasta ese momento Chambacú, para mí, solo era un zona deshabitada de los "extramuros", llena de manglares y peligros. Tenía tantas contradicciones internas, que unos años después en un conversatorio que ofreció, me acerqué a preguntarle si la historia contada era verídica o ficción.  Recuerdo sus cabellos blancos, su espalda encorvada, su dificultad para caminar... parecía más un personaje mítico que una realidad.

Y en una ocasión descubrí por casualidad, en una biblioteca de Medellín (tristemente, acá no se consigue), un ejemplar de Changó el Gran Putas. Tomé días para digerirlo, pues entre tantos poemas, dioses y palabras nuevas, estaba construyendo un nuevo universo y descubriendo la historia negra en América.

A través de Changó conocí, valoré, sufrí la diáspora africana.  Me encontré con héroes borrados de la historia como Benkos Bioho y admiré el inmenso talento, de un hombre que dedicó su vida a materializar desde diversas facetas, la identidad, la multiculturalidad y la diversidad étnica de la humanidad.

Un día leí en un aviso fúnebre, colocado en piso de la Plaza de la Proclamación que Manuel Zapata había muerto. Me senté y lloré. Pensé en el silencio de esta ciudad ante un hecho tan trascendente... y me indigné.

Manuel Zapata Olivella "Abridor de caminos"

El documental

El siguiente documental realiza un 
recorrido por la vida y obra  de Manuel.
Está dividido en tres partes.
Para descargas ver 







domingo, 10 de julio de 2011

Si se calla el cantor

Para los que tienen menos de 30 años es posible que el nombre de Facundo Cabral no les diga mucho. Entender lo que la canción social significó en una America Latina, que de punta a punta vivía las dictaduras y crímenes de Estado no es fácil. Los grandes cantores como Facundo (no era cantante, esto es otra cosa) recogieron con su voz el dolor y el miedo del pueblo latinoamericano. Por eso se exilaban. Por eso fueron perseguidos.
Estaba viejo, sí. Estaba enfermo, sí. Moriría inevitablemente como los demás seres humanos, sí. Pero, ¿Por qué acabar en una escena de terror? Por qué no tuvo el derecho de morir de viejo?.
Los dictadores, presidentes, militares, empresarios, que ordenaron tantos crímenes mueren generalmente de un infarto. Porque la impunidad existe. Y no es un discurso.
Dolor y rabia  Sentimos los que muchas noches soñamos con cambiar el mundo, los que escuchabamos a bajo volumen y en una vieja cassetera las sabias e irreventes palabras de Facundo Cabral, los que crecimos con sus reflexiones, y cuestionamos la vida ayudados de su guitarra.

Hasta siempre Facundo!


Enlaces de audio:
Pobre Patrón
Yo no vendo, y no compro
Mi vida
Paloma Blanca
Monologo
Anecdotas

Saludo y DESPEDIDA  para Facundo Cabral.

El dia que yo me muera...

Te mataron compañero,
... la guitarra está viuda,
y viudo el mundo entero.

Qué sordo y necio el puñal
que te segó de la mata
segándose así sus venas,
matando así la esparanza
dejando muda la tarde
y la noche y la mañana.

Y te mandaron al Cielo,
con Dios, al que tanto cantas,
junto al Diablo de los cuentos,
a cantar con otras almas...
Almas, que siendo de nadie,
fueron un dia mundanas.

Ahora ya tienes un sitio
donde no existe el pecado,
ni la pena, ni el castigo,
Acá quedamos llorando
compartiendo tus quejidos
Amigo, de los humanos,
por algún humano herido.

Como viniste te vas
con un corazón amante,
lleno de felicidad.
con las manos en el pecho
una sonrisa en los labios
y una canción en tu lecho.

Justo, amante, confiado
hombre de paz y de bien
hombre de cantar sereno
y de palabras de miel.

Sabio, generoso, grande.
sencillo, libre, cortés
como a Jesús, le mataron,
y nadie sabe el porqué.

Arcoíris Moreno.

(A FACUNDO CABRAL, con cariño, adimiración, y agradecimiento, por tantas lecciones que fue sembrando en su camino. Besos compañero, hasta la vista!!)

sábado, 2 de julio de 2011

Luis Felipe Jaspe: El Arquitecto Autodidacta


Luis Felipe Jaspe
En la celebración del primer centenario de la independencia y en la urbanización de cartagena hace un siglo estuvo la mano,  la inteligencia y la sensibilidad artística de este cartagenero, que en forma autodidacta se formó como arquitecto.
Sabemos que el ciudadano  en Cartagena desconoce la biografía y el legado de este hombre, a pesar de deambular a diario en medio de sus obras. 
Les transcribimos su biografía, tomada de Bibliografía General de Cartagena de Indias, del libro “Los Cuatro Jaspe en la Historia” de Alvaro Lecompte Luna.
“Nació en Cartagena el 3 de abril de 1846.  Recibió educación en los Colegios de la Paz, Colegio de La Valle y Pombo, y Colegio del Estado de Bolívar.  Mostró desde temprana edad facilidad para el dibujo y las matemáticas.  Por la muerte de su padre abandonó los estudios y buscó trabajo con el Dr. Joaquin Fernando Vélez quien le facilitó los medios para viajar a la Isla de Martínica, donde aprendió las tendencias de Arquitectura en la escuela de Artes.  Al regreso (1876) fue nombrado secretario de gobierno de Joaquin Fernando Vélez y encargado de la Gobernación en varias ocasiones.  Llegó a ser rector de la Universidad. Habitó la casa esquina de la Calle del tablón y la Plaza de la carnicería (Acaso el antiguo Ley?) . Luis Felipe Murió el 18 de mayo de 1918 en Cartagena.
Luis Felipe fue, en buena parte, de formación cultural autodidacta, manejó el dibujo, la pintura, la arquitectura y el cálculo.

Entre sus obras encontramos la Torre del Reloj, construcción ordenada por el Consejo Municipal en 1876  y el óleo “el fusilamiento de los mártires de la independencia”, pintura muy detallada, minuciosa y documentada a conciencia, pues cuando este hecho tuvo ocurrencia Luis Felipe no había nacido aún. Otra de sus pinturas es “Vista de la ciudad desde el fuerte San Felipe de Barajas”, que muestra en primer plano el antiguo revellín de la Media Luna.
Como arquitecto diseño el Paseo de los Mártires y la conocida casa Comercial Puerta del Sol. Los bustos que adornan a cada lado el paseo de los Mártires se elaboraron en Italia, basados en bocetos de su autoría. De igual manera el monumento “Noli Me Tangere”, en el mismo paseo, obsequio a la mujer cartagenera, fue diseñado por él. El parque Centenario, obra de Pedro Malabet, y su obelisco, diseñado por Jaspe fue construido a la memoria de los firmantes del acta de Independencia del 11 de noviembre de 1811, así como las esculturas que coronan tres de las puertas de su entrada por el costado sur. También de Jaspe fueron el Parque de Bolívar, el Parque Fernández de Madrid y la estatua de esta prócer, el antiguo Mercado Público (en la Bahía de las ánimas), La actual Biblioteca Bartolomé Calvo, el Teatro Heredia, la ermita del Cabrero y el Mausoleo donde yacen los restos de Rafael Núñez; el antiguo Puente Román, la fachada del Cementerio Municipal de Manga, la urbanización de la isla según el querer de su dueño Dionisio Jiménez y algunas de las residencias. Todos estos monumentos productos consumados de la laboriosidad e imaginación del artista cartagenero.

martes, 31 de mayo de 2011

14 años sin el loco.

Raúl Gómez Jattin 
A Raul:“Eres el viento, eres un potrillo, eres el río que arrasa, no limitas con nada, no tienes cuñados en el cielo, no tienes participación en la bolsa de valores, eres un bruto, eres Atila, eres el mismísimo Adán, Dios en persona completamente loco deshojando los bosques y tirando las hojas al aire, eres el ciclón, la barriga pelada, el escándalo furioso, todo lo que yo no soy ni hay aquí poeta que lo sea, eres el fauno, el unicornio, el centauro, el volcán, eres el putas...” Jaime Jaramillo Escobar (1983)

El pasado 22 de mayo se cumplieron 14 años de la muerte del poeta cartagenero Raúl Gómez Jattín. Y hoy 31 de mayo se celebra un nuevo natalicio del irreverente poeta.  
Los que no lo conocieron, y los que sí, hablan de él con toda la magnificencia que se puede, ante una obra que deslumbra pardógicamente por su lucidez, su frescura y vitalidad.


Si embargo la vida de Jattin estuvo llena de controversias y rechazos.  En su locura real lo veíamos deambular las calles del centro, produciendo  temor y desconcierto a quienes lo encontraban. No podemos afirmar que vivió feliz, mas si de la infinta angustia y soledad que refleja su obra.

"En su poesía se nota la continuidad de la actitud antiliteraria consolidada por Luis Carlos López, quien también rompió con el convencionalismo de la época escandalizando el ámbito poético. De igual forma Raúl, a través de su poesía manifiesta ser dueño de una conciencia que rompe las normas, las transgrede, mostrándose como un poeta diferente a los demás. Por tanto no se le puede rotular bajo el nombre de ninguna corriente, puesto que su creación es una propuesta poética innovadora cuya característica es la de no admitir cánones, por eso se mantuvo al margen de los burócratas del sistema, su posición siempre fue de marginalidad para preservarse de todo contagio burocrático y conservar, así, su independencia. Amante del escándalo lo practicó con su forma de vida, la cual vivió entre la droga, la locura, la lucidez y la poesía a través de la cual devela su propia existencia, su angustia, su soledad que lo convirtieron en un poeta marginal, un poeta de la soledad"(1)

"Gómez Jattin se separa de todos los poetas de su generación por que fue un hombre osado, que rompió con la tradición conservadora de concebir la poesía como vehículo de evasión y no como una ocasión propicia para la reflexión. Se muestra como un irreverente con el establecimiento, como un destructor de toda posición “moral”, y no oculta su proclividad a terminar con el tabú de tratar temas prohibidos en su producción literaria, una muestra de ello es el poema “Te quiero burrita”, en el cual devela ese ser solitario falto de afecto entre relaciones deseadas y lo realmente logrado, que se aísla de los hombres por que en ellos no encuentra la compañía necesaria sólo defectos y egoísmos"(1)

DE LO QUE SOY
En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
voces quebradas: pasaron ya tus días


Te quiero burrita
Porque no hablas
ni te quejas
ni pides plata
ni lloras
ni me quitas un lugar en la hamaca
ni te enterneces
ni suspiras cuando me vengo
ni te frunces
ni me agarrras
Te quiero
ahí sola
como yo
sin pretender estar conmigo
compartiendo tu crica
con mis amigos
sin hacerme quedar mal con ellos
y sin pedirme un beso".

 Canción del amor sincero
Prometo no amarte eternamente, 
ni serte fiel hasta la muerte, 
ni caminar tomados de la mano, 
ni colmarte de rosas,
 ni besarte apasionadamente siempre. 
Juro que habrá tristezas,
 habrá problemas y discusiones 
y miraré a otras mujeres 
vos mirarás a otros hombres 
juro que no eres mi todo ni mi cielo,
 ni mi única razón de vivir, 
aunque te extraño a veces.
 Prometo no desearte siempre 
a veces me cansaré de tu sexo
 vos te cansarás del mío 
y tu cabello en algunas ocasiones
 se hará fastidioso en mi cara.
 Juro que habrá momentos 
en que sentiremos un odio mutuo,
 desearemos terminar todo
 y quizás lo terminaremos,
 mas te digo que nos amaremos,
 construiremos, compartiremos.
 ¿Ahora si podrás creerme que te amo?"

Hoy martes 31 de mayo, se celebrará la actividad “Porque nací en mayo,” como parte del Homenaje a Raúl Gómez Jattin. A este encuentro con la poesía asistirán los poetas Martin Salas Ávila Y Silvio Salas, además se realizarán proyecciones de videos y los niños y niñas declamaran y dibujaran los poemas más celebres de este artista
Lugar: Centro Cultural las Pilanderas del PozónHora: 3 p.m.
Enlaces:

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